¿En qué dolencias puede ayudarme el yoga?

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Tengo 34 años y, aunque eso de que dicen que al cumplirlos te empieza a doler todo suena exagerado, algo de verdad tiene. No es que un día te levantes y no puedas moverte, pero sí empiezan a aparecer molestias que antes no estaban ahí. Yo me lesioné hace unos meses el hombro cuando me caí de la bicicleta, casi me lo parto, y desde entonces hay gestos normales que me duelen, como vestirme, coger peso, dormir de cierto lado… cosas que antes hacía sin pensar y que ahora me duelen casi a diario.

Y luego está la rodilla con inicio de artrosis. Suena muy serio para alguien que todavía se siente joven, pero hice malos entrenamientos de joven cuando quería ser policía nacional y me lastimé la rótula, así que nada que hacer al respecto, por desgracia. Aunque en el día a día no sea un dolor insoportable, siempre está ahí.

Cuando el cuerpo empieza a fallar un poco, la cabeza se llena de preguntas. ¿Puedo hacer deporte? ¿Me vendrá bien o me voy a fastidiar más? ¿Tengo que resignarme a vivir con este dolor? Yo no quería quedarme quieta, porque eso tampoco me ayudaría, pero tampoco quería liarla más ni empeorar lo que ya estaba lesionado. Y ahí apareció el yoga.

Siempre había pensado que el yoga era ponerse en posturas raras y poco más. Lo veía como algo más espiritual que físico, y no lo relacionaba con mejorar lesiones o molestias. Estaba bastante equivocada: cuando empecé a practicarlo, poco a poco y casi sin darme cuenta, el cuerpo empezó a responderme mejor.

 

El miedo a moverte no te ayuda para nada

Cuando te duele algo te paralizas: evitas ciertos movimientos, cambias las posturas, haces trampas sin darte cuenta… Yo lo hacía con el hombro todo el tiempo: movía el cuerpo entero para no usarlo, levantaba el brazo contrario, giraba el tronco… y todo para protegerlo. Y eso, a la larga, crea más tensión y desnivela partes del cuerpo en otras zonas.

Ese miedo a moverte es muy común. Y, como no quieres dolor, como es evidente, pues evitar moverte o cambiar la forma de hacerlo. El problema es que el cuerpo necesita movimiento para mantenerse funcional, y no moverte nada tampoco es la solución.

El yoga me ayudó a volver a moverme sin miedo, porque hacía movimientos lentos, sencillos y repetitivos, cosas tan básicas como levantar el brazo hasta donde llegue y ya está, sin empujar, sin aguantar dolor… Era, básicamente, empezar desde lo más básico. Al principio parece poco, casi insignificante, pero el cuerpo agradece cada cosa que hagas para ayudarle.

Con el tiempo, empiezas a notar que el miedo es menor porque puedes moverte mejor, y eso cambia la forma en la que te mueves en el día a día: empiezas a confiar más en tu cuerpo.

 

El yoga en las lesiones de hombro

El hombro es complicado, porque es una articulación que usamos para todo y que se carga enseguida. Cuando está tocado, lo notas constantemente: duermes mal, te duele vestirte, coger algo de una estantería, conducir… porque todo eso pasa por el hombro.

En yoga se trabaja mucho la movilidad del hombro, pero de una forma muy suave. No se levanta peso ni haces repeticiones rápidas, lo que haces es mover el hombro en distintas direcciones, despacio, notando cómo te sientes… A veces notas tirantez, otras veces alivio, a veces un día va mejor y al siguiente vuelve a molestar. Pero, poco a poco, el rango de movimiento mejora.

Lo bueno es que no solo se trabaja el hombro, también la espalda, el cuello y el pecho, porque todo está conectado. Muchas veces el dolor no viene solo de la articulación, sino de rigidez acumulada en otras zonas: hombros adelantados, cuello tenso, espalda rígida… Al soltar eso, el hombro deja de estar tan cargado.

No desaparece el dolor de un día para otro ni es inmediato, tenlo en cuenta, pero sí notas que cada vez molesta menos y que tienes más control sobre tu cuerpo. Y eso da mucha tranquilidad.

 

El yoga también ayuda a la artrosis

El yoga me enseñó que mover la rodilla con cuidado es mejor que no moverla nada, de verdad. Yo pensaba que era al revés, pero estaba muy equivocada: las posturas se adaptan. Puedes usar apoyos, doblar menos, quedarte a medio camino… Nadie te dice que bajes más si no puedes y, aun así, estás fortaleciendo la pierna y mejorando la estabilidad.

Se trabaja mucho el equilibrio, la fuerza suave… y todo eso ayuda a que la rodilla no cargue sola con todo. Con el tiempo, la rodilla duele menos no porque esté curada, sino porque los músculos de alrededor se encargan de hacer todo el trabajo y sostienen mejor la articulación. De eso se trata exactamente el yoga, de fortalecer poco a poco los músculos de forma que la lesión no sea quien se encargue de realizar el trabajo.

Otra cosa que aprendes es cuándo parar. Hay días en los que la rodilla no te deja hacer lo que otros días, y otros en los que responde mucho mejor. Aprende a escucharte esos días porque, en caso contrario, puedes hacerte aún más daño.

 

También ayuda a la espalda y al cuello

En yoga se mueve la columna de muchas formas distintas: hacia delante, hacia atrás, girando, estirando… y todo, como siempre, muy poco a poco. Al principio cruje, tira, molesta un poco… pero luego se libera, y te aseguro que es una sensación difícil de explicar, pero muy satisfactoria.

El cuello, que solemos tener siempre en tensión, agradece mucho que lo trabajes. Y cuando el cuello se relaja, muchas otras molestias disminuyen: dolores de cabeza, rigidez en los hombros, sensación de peso… A veces no te das cuenta de lo tenso que estás hasta que sueltas.

Además, empiezas a notar la postura que pones durante el día, porque tu cuerpo se siente mejor cuando está alineado, y esa sensación se queda contigo fuera de la esterilla.

 

El yoga también te relaja y te quita estrés de encima del día a día

El cuerpo no solo duele por lesiones, también duele porque estamos cansadas, nerviosos o saturados, ya sea porque dormimos mal, porque comemos rápido, porque no paramos nunca… Todo eso se acumula en el cuerpo, aunque no siempre lo relacionemos.

El yoga te ayuda a bajar el ritmo, porque te obliga a parar, aunque solo sea una hora, a respirar, a moverte despacio, a no hacer nada más, y eso tiene un efecto directo en el cuerpo. Los músculos se relajan, la respiración se hace más profunda, la cabeza se calma un poco…

Dormir mejor es una de las cosas que más noté. No porque hiciera milagros, sino porque llegaba al final del día menos cargada. Y cuando duermes mejor, todo duele menos al día siguiente. El cuerpo se recupera mejor.

 

Otra cosa que hace el yoga es aliviar las migrañas

Mi esposo sufre migrañas desde siempre, y casi siempre viene por lo mismo: porque come bien, porque tiene mal los dientes y eso le va directamente a la cabeza, porque cuando tiene un disgusto fuerte se estresa muchísimo y no sabe soltar toda esa energía interior acumulada… Viéndolo, entendí que muchos dolores pueden ser una suma de muchas situaciones distintas.

El yoga ayuda en estos casos porque trabaja la respiración, el cuello y la tensión general del cuerpo. No elimina las migrañas, pero en algunas personas reduce la frecuencia o la intensidad y, cuando convives con ese tipo de dolor, eso es decir muchísimo, porque te anula como persona.

También ayuda a identificar qué te afecta más. Estrés, falta de descanso, tensión acumulada. No para obsesionarte, sino para cuidarte mejor y prevenir en la medida de lo posible.

 

Aprende a escuchar tu cuerpo

Aprender a escuchar tu cuerpo es importante para que puedas trabajar con él sin estresarte todavía más. Antes, cuando algo me dolía, me frustraba muchísimo, porque me sentía limitada, y eso me agobiaba una barbaridad.

Ahora intento entender qué necesita mi cuerpo. Hay días en los que me siento fuerte y otros en los que no, y el yoga me ha hecho ver que eso es normal. Que no pasa nada por hacer menos, y que cuidarte también te ayuda a estar más sano.

Desde Ceiba Yoga, un centro de yoga en Madrid centrado en una práctica integrativa, terapéutica y restaurativa, explican que el cuerpo mejora cuando se siente seguro, no cuando se le exige demasiado sin escuchar.

 

El yoga puede ser un buen apoyo en la tu vida diaria

No lo mires como algo extraordinario que va a ayudarte a resolver todos tus problemas, porque el yoga no va a borrar una lesión ni hacer que desaparezca una artrosis, pero, como apoyo, ayuda mucho: te da herramientas para moverte mejor, para descansar mejor y para convivir con las molestias sin que tengas que dejar de hacer todo lo que te gusta por el dolor.

Lo único que necesitas es paciencia y constancia, y entender que el cuerpo cambia, pero no por ello se ha perdido todo: todavía puede adaptarse, aprender y mejorar dentro de sus límites.

A los 34 años empiezas a darte cuenta de que ignorar el dolor no funciona, porque empeora tu lesión y el dolor. Para mí, el yoga, se ha vuelto indispensable, porque me ha ayudado a poder ser más funcional de nuevo. ¿Por qué no te animas a probarlo?

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